EL OLIVO EN EL VALLE DE AZAPA Y SU HISTORIA

Al paladear los frutos y el aceite de los olivos del Valle de Azapa, aparecen de inmediato las indiscutibles cualidades que han dado fama y reputación a las aceitunas y al aceite del fértil valle enclavado en el norte del desierto de Atacama, con sus aceitunas grandes, negras, sabrosas, suaves, con mucha pulpa y cuesco pequeño. Por eso, fueron, son y serán un deleite para quien las pruebe y cotice como únicas, igualándose o superando inclusive a las europeas mediterráneas.

Con menos popularidad, el aceite de olivas ha tenido que esperar su momento, principalmente por el bajo rendimiento de aceite y el alto precio que alcanzan las aceitunas por su gran demanda, lo que hace más rentable dedicar el total de las olivas al proceso de fermentación para la producción de aceitunas aderezadas.

Pero lo anterior no basta, ya que falta poner en valor su historia lo que verdaderamente es cultivar olivos en esta parte del planeta, dar cuenta que, a todas luces, Azapa ha sido sino el mejor, uno de los más óptimos lugares del mundo para este cultivo.

Don Alfredo Wormald Cruz, insigne historiador Ariqueño, tuvo razón al asegurar que en el valle de Azapa los Olivos campeaban por montones mucho antes que los primeros plantados el Lima. Esta especie fue introducida a suelo sudamericano hace más de 450 años, por medio de estacas traídas desde los olivares de Sevilla, con autorización de la Corona española para la producción de aceite de olivas que demandaba el rico mineral de Potosí en el Alto Perú, hoy Bolivia, que movilizó fuertemente las economías del triángulo geográfico Guayaquil – Potosí – Valparaíso.

El olivo encontró en Azapa un clima benigno, siempre templado y con frío suficiente para su floración, agua de gran calidad, tierras suaves, dulces y sol luminoso. Conoció las milenarias técnicas agroculturales locales con mas de 3.500 años, en la que destacaba la aplicación de abonos como: materias orgánicas, minerales y fósiles (Desechos de la pesca como tripa de pescado; guano fresco de aves marinas; caliche y guano fósil de aves costeras). Se abasteció de agua y riego a los primeros huertos olivícolas de Azapa a través de puquios, empleándose para ello el método ancestral de riego por tazas, conducidos por acequias, cuya frecuencia está dada por la dotación de agua existente en el alumbramiento, el cual se entregaba por turnos (Mita).

Importante es destacar la conexión de los ingenios olivícolas con las etnias Aymara y Quechua que aportaron su trabajo, voces y analogías en las acciones de la recolección de frutos, en la cosecha de olivas, que la identificaba como una fiesta, de ahí el nombre Raima que se descuelga de la expresión Raymi que proviene del Aymara y del Quechua que significa fiesta, o Kulli que significa morado en ambas lenguas.

Las cualidades y características de este frutal único en el mundo llevaron al Consejo Oleícola Internacional a distinguir en su Catálogo Mundial de Variedades de Olivo del año 2000, al cultivar “Azapa” como una variedad de origen chileno para la producción de aceitunas de mesa aderezadas en verde o en negro de madurez; también considerada como de doble propósito. La designación “Azapa”, hace referencia al nombre del Valle de Azapa en la Provincia de Arica, Región de Arica y Parinacota.